viernes, 7 de diciembre de 2012

Apágate


Apágate esta noche porque tu luz me ciega. No necesito verte, tu olor es suficiente para impulsarme a seguirte en la inmensidad de la ciudad, suficiente para desear arrancarte la ropa y lamerte toda de pies a cabeza.
Apágate un poco, nada más para que mis pupilas se abran y te traguen y mires desde adentro lo que soy. Cállate y déjame ronrronearte al oído toda la noche. Déjame mecerme con los latidos de tu corazón.
Detente. Permanece latente. No dudes, no temas, no afirmes, no creas.
Disuélvete conmigo. Juguemos a no ser.
Apágate, no pienses. Mira cómo las cosas revelan su propio brillo en la oscuridad
¿Puedes ahora ver mis ojos?

lunes, 26 de noviembre de 2012

Cacería

No sé si será hoy o mañana, si te encontraré tras esta sombra o aquélla, pero te atraparé.
He sentido miedo de que el hambre que hace rugir mis entrañas te alerte y escapes, pero no me importa acecharte toda la vida, porque el deseo de alcanzarte el el único motivo de mi ser.
Te alcanzaré y morderé tu cuello y saciarás mi sed. Juro que no descansaré hasta sentir tus huesos crujir en mi boca. No me cansaré: sin importar cuánto huyas o te escondas, siempre daré un paso hacia ti.
A veces, como ahora, debo contenerme. Después (¿cuánto más de aguardar en esta incómoda postura?) correré con todas mis ansias y caeré sobre ti como la noche y te mataré.
No te odio, no. Es sólo que nací para tragarme tus latidos. Tienes que morir para despertar después, como yo cuando muera, en otra cacería.

domingo, 11 de noviembre de 2012

El movimiento


Era un solo ser divido en dos criaturas gemelas: un venado-jaguar y un jaguar-venado que se perseguían entre sí eternamente.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Las 400 voces

Un hombre mató a 400 mujeres, muchas de ellas eran casi unas niñas. Les abrió la garganta para robarles la voz.
Dios le dio oportunidad de arrepentirse y devolver a las jóvenes la voz y la vida, pero el hombre se negó. Entonces Dios lo transformó en cenzontle y lo condenó a cantar eternamente para Él.

lunes, 8 de octubre de 2012

Hasta que sea el momento

Mi madre me enseñó que la paciencia se usa para matar. Una vez que aprendí a cazar, ella volvió a la calle a ejercer su vocación de puta elegante.

Lo mío no es espera, sino acecho. Me quedo quieto el tiempo que sea necesario para asesinar. Tumbado y oculto, siento que ardo. Me incendio.

Más poderoso que el odio es el deseo. Te quiero atrapar. Te voy a atrapar. Vas a ser mío, pequeño pajarito. Te arrancaré la cabeza y de tu corazón beberé el jugo.

Respiro profundo para enfriarme un poco, para no explotar. Canta, pequeña y dulce ave.

Casi me duele reprimir el movimiento de mi cola. Estoy ansioso, pero no me debo mover, debo saber esperar. Debo contenerme para desplumarte. Debo esperar hasta que sea el momento...

lunes, 10 de septiembre de 2012

Habla el hijo

Mi madre es la tierra finita; mi padre, el cielo sin fin. Yo soy un poco como los dos, un poco como los héroes griegos: mitad dios, mitad mortal.
Mi carne morirá y se pudrirá, pero mi espíritu y mis imaginarios permanecerán de alguna forma. Hay en mí tanto de sustancia efímera como indestructible.
Puedo morir en cualquier momento, incluso ahora mismo. Pero también en este instante puedo trascenderme al imaginar, al soñar.
Padezco la extraña gloria y esclavitud de sentir, de desear. No puedo liberarme de las cadenas del ser, sin dejar de ser.
Por ahora, camino sobre el pecho abierto de mi madre, sigo pegado a su ombligo de agua y miel. Pero un día iré con mi padre, que me recibirá solo cuando no tenga ojos y no pueda cegarme.
Entonces, como ahora, no tendré miedo, de cualquier forma no queda otra opción que asentir al infinito.

martes, 4 de septiembre de 2012

Informes

Leí sobre una manifestación política y anduve buscando a ese grupo de personas. Fui en bicicleta por toda la ciudad, incluso en rumbos donde es peligroso meterse porque el terreno es muy irregular y circula mucha gente entre trabajadores de la construcción y maquinaria pesada.
Me cansé de buscarlos. Un hombre-iguana, de brillante azul en el cuello y las manos, y amarillo en la cara, me dijo que él había estado en la manifestación, que lo buscara a las 7 para que me dijera lo que pasó.
Pero ya no fui porque a esa hora tenía que estar despierto en otro lado.

Sorpresa naranja

En la fría noche de este barrio, que sufre desde hace años una guerra, llueve. Llueve y el viento aúlla como una maldición un grito que estremece las calles.
Estamos ocultos en una trinchera desde la que podemos ver la choza en la que dormíamos hasta ayer, cuando nos dieron la noticia de que si pernoctábamos de nuevo ahí, nos matarían.
Esperamos que lleguen los que creen que serán nuestros asesinos. ¿Nos arrojarán una granada o van a rafaguear la choza son bajar del coche? Quiero verlos, pero la lluvia emborrona los contornos de las cosas. Hasta la luz del triste quinqué tiembla de frío.
¿O será que quien tiembla soy yo? El cansancio casi me hace sentir cómodo aquí, agazapado en el lodo, pero por más que me acurruco no logro calentar mi cuerpo.
El aullido furioso del viento y la lluvia se acerca, me tapo los oídos para mitigarlo un poco.
Entonces algo me muerde la espalda, volteo y me arde, alcanzo a ver una serpiente amarilla y naranja que se aleja.

jueves, 30 de agosto de 2012

Cuando un gato está triste se vuelve transparente

Así lo atraviesan la luz y dolor, sin hacerle daño porque él no siente. Entonces el gato no existe, carece de las ganas suficientes para ser.
Por eso nadie ha visto a un gato así de triste ni lo verá jamás.

sábado, 18 de agosto de 2012

Caer en la trampa

Soy uno que vive a través de otros. Que se contagia de sus ilusiones, miedos, alegrías y frustraciones. Soy uno al que atormentan los fragmentos de sueños y recuerdos ajenos. Ya me cansé de preguntarme cómo es que esos ecos llegan a herir mi cerebro.
Lo que aún no puedo dejar de hacer es preguntarme quién sería si fuera yo, si pudiera ser yo. Sé que nadie es puro. Sé que todos se contagian la humanidad entre sí, pero ¿por qué me infectan a mí que solo soy un gato?
Me debería ser suficiente comer al menos una vez al día, vagar y dormir. Pero no lo es, con todo y que para la mayoría de las personas es un privilegio vivir de esta manera.
Creo que todo es a causa de la curiosidad patológica que padezco. Sí, estoy enfermo de curiosidad. Todos los días necesito mirar a los ojos a gente desconocida para satisfacer el vicio estúpido de imaginar sus vidas. También tengo un impulso muy fuerte por admirar cosas bellas y pensar hasta que caigo en un vacío absurdo.
Como éste.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Cruzar el espejo

Cuando duermo entro a una dimensión en la que giran espejos en una espiral infinita y puedo acceder a través de ellos a realidades distintas en cada uno. Para cruzar debo dejar al que soy, despedirme de todo lo que conozco.

Embarrados contra el vidrio dejo mi piel y mis huesos, mis ojos y garras. Me desprendo de mí sin sangre y sin miedo, como en una especie de muerte. Del otro lado del vidrio deambulo sin ser yo, carezco de forma, acaso solo tengo una consciencia que no abarca espacio, que mira sin estar, casi sin pensar o sentir.

Cada espejo me lleva a una experiencia inenarrable. Entre los muchos que son, algunos se parecen. Puede haber formas de vida simples o civilizaciones en distintas etapas de desarrollo. Puede ser solo silencio y rocas o viento, gas y polvo.

He visto escenarios atroces en lo que no sé qué es lo que miro: los restos de una masacre, un fenómeno natural o la herida abierta de un monstruo. Bien podría ser cualquier otra cosa.

Vi seres que para hacer el amor se meten la lengua en los ojos y no quedan satisfechos hasta dejarse ciegos. Vi a una reina que solo vive para poner los huevos que se comerá el rey, quien se jacta de tener la progenie más sabrosa de todo su mundo.

Creo que los espejos no acceden a lugares distintos, sino que son como filtros o lentes con los cuales mirar. Lo que no sé es si lo que percibo a través de ellos es un mismo universo o varios. En todas las veces que he ido solo he recorrido una pequeñísima parte de la espiral infinita, una fracción más o menos equivalente a un parpadeo en la vida de un anciano longevo. Tal vez menos.

Es absurdo porque casi nunca recuerdo claramente mis recorridos, solo me quedan como imágenes o la sensaciones de entender algunos momentos. Es mejor así, me parece. Volver de los espejos con la memoria llena de lo que hay tras ellos debe ser como una tortura.

Nadie tiene tanto espacio en la cabeza. Nadie podría soportar conscientemente tanto infinito. Y si alguien pudiera, se mataría ante la evidencia de que tal capacidad sería completamente aturdidora e inútil. Más en caso de ser un gato.

lunes, 30 de julio de 2012

Ojeada a través de una ventana en un barrio pobre.


La madre de Natalia llora porque su hija le ha traído el desayuno. 
La mujer quedó postrada en cama hace unos días, cuando resbaló de las escaleras mientras subía a tender un montón de ropa. 
La niña solo le trajo un plato de leche con cereal y plátano, pero para hacerlo tuvo que treparse a una silla porque no alcanza la alacena.
¿Qué sentimientos empujan las lágrimas de esta mujer? ¿Se siente desgraciada o dichosa? ¿Puede alguien sentir intensamente ambas emociones al mismo tiempo? 
Natalia tampoco entiende, ella quería que su mami se sintiera bien y ahora se culpa por haberla hecho llorar.

lunes, 21 de mayo de 2012

Abrázame


Siémbrame en tu pecho, madre. Cúbreme con tu piel de tierra en la que germinó el deseo de mi ser cuando yo aún no era. Madre, cobíjame con tu abrazo de raíces. No me abandones. Mi razón y mis sueños no pueden florecer sin la bendición de tu vientre cálido y fértil que me da sus frutos para que pueda comer. Todo lo que soy a ti te lo debo.

martes, 15 de mayo de 2012

Soñé contigo otra vez

¿Qué es esto que me metieron al cuerpo, esta luz, este como fuego líquido que me desborda? ¡Por qué floto? Estoy... estoy acercándome al cielo.
El aire se hace un poco más frío por la altura pero no me cuesta respirar. Hasta se siente más ligero, más limpio. Me alejo y me alejo, como un globo inflado de gas. Así me siento. Superada la impresión, pienso: ¿voy a desinflarme? Tal vez me mate al bajar.
Ese temor no dura mucho, porque sigo subiendo a velocidad continua. De pronto veo toda la metrópoli desparramándose sobre el valle, en el lugar donde antes hubo un lago. Me sigo alejando e identifico los volcanes. Justo cuando empiezo a ver la forma de zapatilla del país comprendo que estoy saliendo del mundo  y el paisaje me tiene tan embobado que ni siquiera tengo miedo de morir.

Ella en la ventana

Mi pequeña bailarina crece. Su falda es cada vez menos verde y más morada: puntitos violáceos sobre tonos un poco más oscuros. Como si fuera una piel bronceándose en la playa.
Regina, mi  Regina, es una niñita un poco tímida. Sé que crecerá alta, aunque todavía no puedo saber si su belleza la tornará un tanto soberbia.

viernes, 27 de abril de 2012

La valentía oculta

Asunción es una mujer mediana de edad, de cuerpo y estatura. Sus gustos son los promedios, también: mira sin entusiasmo las telenovelas, cocina sin mucho picante ni sal, gusta de la música "romántica" en general.
Se maquilla poco: apenas se polvea la nariz y se define las cejas. Para salir a la calle viste invariablemente un conjunto de dos piezas, la blusa casi sin escote y la falda bajo las rodillas, que combina con unos zapatos del mismo color: cerrados y de tacón bajo. Como la ratona Mimí.
Disfruto su compañía, callada y paciente, porque no me distingue entre las decenas de gatos que atiende en su grandísima casa de dos pisos. Es natural que la haya llenado de gatos, a los que trata con mimo excesivo, luego de quedó sin esposo y sus hijos se fueron lejos.
Chonita casi sería el estereotipo de mujer madura y sola, sino fuera porque no está amargada. Es cierto que casi siempre está pensativa y parece triste, pero tiene la inmensa fortuna de alegrarse con las cosas simples. Como el aroma de sus rosales.
Quizá por eso las personas que la ven la subestiman: es tan calmada, tan sumisa, tan resignada a su soledad. Pobre, piensan. Pero yo vengo a su casa no para que me alimente (es mucho el riesgo de caer en una de sus melosas sesiones de caricias) sino para tratar de entender ese carácter tan extraño que tiene.
Porque así, tan medianita en todo, Asunción es una mujer valiente. Soporta quién sabe desde cuando el silencio de sus días sin quejarse, cuando bien podría ser una mujer bombero o rescatista.
Una vez, mientras la señora de la tienda de la esquina le pasaba los chismes del vecindario, estalló la válvula del tanque de gas que el esposo de la tendera trataba de cambiar. Los dueños de la tienda y su hijo, un moreno grandote, salieron corriendo, y hasta los niños en el parque suspendieron sus juegos para acercarse a ver con cautela qué había pasado.
Chonita fue la única que no perdió el aplomo. Fue directamente al patio a tratar de tapar la válvula del tanque con algo mientras salía a presión muchísimo gas. Ahí estuvo buen rato, ante el estupor de todos, hasta que detuvo la fuga con un trozo de jabón blando atado con un trapo.
Luego vinieron los gaseros a cambiar el tanque, pero Asunción no lo vio porque a esa hora pasaban su novela de las cinco. Estaba particularmente feliz porque los señores de la tienda le regalaron una bolsa de galletas de animalitos y ere perfecta la temperatura de su café.

jueves, 26 de abril de 2012

A unos centímetros

Corre. Huye de mí. Escóndete de mi furia recalcitrante, porque si te alcanza la garra de mi frustración te mataré... y no quiero.
Este impulso tan intenso no es sed de sangre, sino ganas de volar. Volar, como tú. Te odio y admiro por eso. Por no ser nunca lo que yo creo que eres o quiero que seas.
Así me mantienes tras de ti, persiguiéndote como un perro. No me resigno a dejarte ir luego de mis tan estudiados (y fallidos) acechos.
Corre. Aléjate porque si te muerde la ansiedad de mis contradicciones morirás. Entonces la sensación de que esta persecución es un vuelo se extinguirá contigo, y no sabré qué hacer con tu cadáver: las ganas de alcanzarte son el único motivo de mi cuerpo.

lunes, 23 de abril de 2012

Una voz menos

Ya no eres mi interlocutora favorita. ¿Por qué te esfumaste de mis sueños? Hice esa cortina con cáscaras de cítricos porque sé que te gusta su aroma. ¿Fue que te faltó aire, que te desesperó el techo azul, que no pudiste decidir de qué color pintar las paredes del recinto que solo a ti dediqué en mi mente?
Quisiera odiar los cuadros azul mar que me regalaste, pero no puedo. Desearía reventar las macetas con gardenias que cuelgan de las ventanas, pero no me atrevo a tocarlas. ¿Para qué? Sé que me arrodillaría a llorar sobre la tierra de la que arrancaste tu aroma, y que ese gesto, dramático cuan inútil, no te hará volver.
Ni creas que te extraño. Tu voz nunca hizo que este mundo fuera (ni un poquito) más fácil. Es solo que me distraía de mis absurdos monólogos, imposibles de entender hasta para mí. Quizá en el fondo esté bien que te vayas: eso me gano por quererte sin haberte domesticado primero.
Lo que más me decepcionó de ti es que no fueras tan temeraria como pensé. Qué triste darme cuenta que no era lava lo que corría por tus venas, ver que preferías quedarte en la comodidad del espacio que para ti inventé en mi mente, en vez de brincar fuera de mí para lanzarte a la aventura conmigo.
¿Tuviste miedo de saltar de azotea en azotea conmigo? Y yo que esperaba que me enseñaras a volar. Por no quedar en evidencia preferiste suicidarte. Ahora, en mi silencio, no tengo ganas de inventar otra versión de ti para enamorarme, pero tampoco deseo escucharme más.

domingo, 15 de abril de 2012

La piedra del río

La piedra ha sentido ganas de ser río. De ya no oponer su cuerpo, redondo y terso luego de siglos de ser arrastrada, a la infinita corriente de agua. Ha deseado disolverse, ser también líquida, para así dejar de soportar la gravedad pesada de su condición de roca inerte.
A veces, cuando llueve, llora un llanto invisible, cuyo atronador sonido se pierde entre los truenos de la tormenta. Siente que a nadie le importa y lamenta no poder morir. Por la posición en la que quedó atorada en la corriente, hace ya algunos miles de años, es imposible que vea que bajo la lama que le crece hay una familia de peces. La resistencia de la piedra contra la fuerza del agua les ofrece un hogar donde refugiarse.

jueves, 12 de abril de 2012

Asalto

Son tres los que golpean al hombre al que le acaban de arrebatar la cartera, porque trata de defenderse. Karina no lo ve: está concentrada contando el dinero: mil, dos mil, tres mil, cuatro mil, cinco mil...
El sonido seco de un golpe la distrae: de alguna manera el hombre logró escapar de sus golpeadores, que ahora lo persiguen. Ella se esconde el fajo de billetes bajo la axila y corre para alcanzarlos. Resuenan las pisadas sobre el pavimento húmedo por la llovizna. En la avenida, larguísima, solo están ellos. El que huye la siente infinita. Jadea. Los perseguidores se le acercan cada vez más. Karina saca la pistola.
Uno de los hombres lo alcanza y derriba. Los otros dos le caen encima a golpes. Luego lo levantan. El hombre no tiene fuerzas para sentir miedo cuando ve que Karina le apunta a la cabeza. Suena un disparo. Los hombres dejan caer de espaldas a Miguel, quien al estrellarse contra con el piso se pulveriza como una estatua de yeso, y deja al descubierto una varilla metálica.

domingo, 18 de marzo de 2012

Regina

La vi tirada a un lado de la carretera. Parecía una pequeña bailarina rota, con su hojas como un vestido rasgado y sucio. Levanté a la flor, que quién sabe cómo había sido arrancada de la tierra, con cuidado de no hacerle daño con mis dientes. Y la llevé a casa de un ilustrador despistado.
Claudio tiene afuera de su casa una maceta con piedras. Ahí deposité a Regina. (Mientras la llevaba brincando de azotea en azotea ella me dijo su nombre, luego se desmayó.) Después de que la acomodé en la maceta oriné en ella para darle de beber y me fui. Aunque Claudio se concentra mucho cuando trabaja, ese mismo día mi olor lo llevó a descubrir a Regina en la ventana.
Varios días anduve rondando, pendiente de ella. Que no se fuera a morir. Que Claudio no se deshiciera de ella. Pero vi con gusto que ya no tenía que ir a orinar en la maceta porque él le daba de beber todos los días. Entonces sólo iba cuando él no estaba para saludar a mi bailarina/flor.
Regina parece frágil, pero es fuerte y valiente. Pronto se recuperó con ayuda del sol y se hizo muy amiga de las piedras. Su vestido tiene todavía la costura/cicatriz de aquélla vez en que casi muere a orillas de la carretera, pero ya le crecen hojitas verdes que combinan muy bien con las otras, moradas.
Cada día que pasa ella está más hermosa y yo, más enamorado. ¿Quién diría que lo que no puedo sentir por otros gatos, o personas, lo provocaría una simple florecita tirada en el campo?

domingo, 11 de marzo de 2012

Es como andar en círculos

A mirar mi reflejo en el café de la mañana pienso que estoy atrapado en un agujero del tiempo.Otra vez la mesera me trae un plato de huevos con jamón.
-Buenos días.
-Buenos días.
-¿Va a trabajar?
- Sí, nada más que desayune.
-Qué bien. ¿Es aquí cerca?
-Sí, aquí a la vuelta.
-¿Donde hacen libros?
-Sí, donde hacen libros.
-Ah, qué bien. Fíjese que tengo un primo que también trabaja ahí.
-¿Sí?, qué bueno. Por favor déme la cuenta.
Al pagar miro en el televisor una escena de Pasión prohibida en la que Margarita Núñez pone su mejor cara de idiota para el close up.
-Eduardo Antonio, bésame...
Junto a mis cinco pesos de cambio, dos dulces de menta.
Trabajar el documento. El mismo texto plano del Manual de plomería en casa. Los errores de siempre: ningún acento, comas mal puestas, pésima sintaxis...
La misma cara gris de todos los transeúntes. La misma secuencia de estaciones de metro. Las 23:40. Otra vez confundo la llave para abrir la puerta. Tumbarse en la cama. Morir un poco.
"Caer en el vacío es como andar el círculos", pienso al mirar mi reflejo en el café de la mañana. Otra vez la mesera trae un plato. El mismo olor a huevos con jamón me produce náuseas.
-Buenos días.
-Buenos días.
-¿Va a trabajar?
Voy a darme un tiro si no encuentro otra forma de salir de esto.

viernes, 9 de marzo de 2012

Intercambio

Un día seré yo quien se estrelle contra el parabrisas. Y me sentirás. Verás mis sesos color frambuesa y sentirás culpa por no asustarte, por esa extraña impresión de que incluso de allí me conocieras. Pero estarás engañándote. Porque igual que me pasa a mí contigo, la imagen que tienes de mí no es real. Está un poco dislocada y tu subjetividad interpreta los detalles borrosos. Te mientes.
Como cuando bebes mucho alcohol y sabes que no te acuerdas de las cosas tal como fueron, sino a través del filtro de tu embriaguez. Si recuerdas cosas que preferirías olvidar, haces como si nunca hubieran sido. Prefieres creer en lo que no fue más que en tu cabeza. Es la forma más linda de mentirse.
Gracias a este noble rasgo que compartimos,  ahora, en este preciso momento, no sabemos quién de los dos está embarrado en el parabrisas. A quién le son familiares los restos de cerebro dispersos como mermelada.
¿Acaso soy yo? ¿Son éstas mis últimas ideas sueltas y las invento justo antes del viaje final como en un intento de postergarlo...?

domingo, 4 de marzo de 2012

Mírame

Resbalé de la orilla de tus ojos.
Mi hermano eres tú.
No importa si no nos parecemos en los rasgos, si tu padre asesinó a mi madre, si violaste a nuestra hermana.
Mi hermano eres tú.
La historia fluye en los ríos de nuestra sangre, y mal que te pese, todos somos familia.

Al caer en ti, supe que si no sientes culpa por arrasar en llamas el futuro de nuestros hijos (porque esos niños muertos de hambre, sed y frío, panzones de tanto bicho, son también tus hijos) es porque no sabes lo que estás haciendo.

Eres, pues, inocente. Odiosamente inocente de la tragedia en que nos atas, pero ya no quiero odiarte.
Quiero aprender a amarte, a pesar de todo. Aunque no me perdones el color de la piel ni comprendas las lenguas en que las miles de madres que no reconoces arrullan a nuestros hermanos más pequeños y pobres.

Quiero aprender a quererte de manera obstinada, casi dañina, que es la única forma en que se puede amar a un enemigo, porque tengo fe en que algún día ese cariño necio perfore tu inocencia maldita
y la disuelva
y llores
y me abraces.

Quiero vivir hasta el día en que seas tú quien resbale en la orilla de los ojos de todos los que por tu causa han muerto. Ver que te acercas sincero, desnudo, sin temor a la culpa o los reproches, a decirnos lo que ahora sé que es cierto:
Mi hermano eres tú.

Entonces construiremos entre todos, no una casa, sino un palacio completo, donde viviremos con la misma armonía con la que bailan la luz y la sombra cuando cae la tarde. Estarán las habitaciones llenas de amantes haciéndose el amor, y los patios repletos de niños corriendo y antes de dormir entonaremos las canciones que nos enseñaron nuestras madres en todas las lenguas.

miércoles, 29 de febrero de 2012

No te asustes

Mala idea salir tan tarde en la noche. Tomar de más. Perderte en un barrio desconocido. Dejar embarrada la camisa en la barda de la calle porque apenas eres capaz de sostenerte en pie e impedir que tu cuerpo se derrumbe sobre los vidrios rotos que no puedes ver, pero que sientes crujir en tus zapatos. La oscuridad tampoco atrofia tu nariz y percibes muy bien la peste a orines.
Se oye un ruido. Parece que alguien anda entre la basura. Tal vez un vagabundo loco te mate para quitarte lo que te queda de ropa. Volteas y ves un par de ojos amarillos, diabólicos, clavados en ti. Gritas del susto y después te sientes un poco ridículo.
Soy yo, no te espantes. Sí, me divierte tu cara de miedo. Me gusta intimidarte. Hacerte saber que te estoy vigilando. Lo que te asusta de mis ojos no es su brillo, sino su mirada. Te sientes desarmado, desnudo. Como si supiera quién eres y cómo llegaste aquí. Por supuesto, estabas demasiado ebrio para notar que he estado siguiéndote.
Sí, vete. Mejor corre. Regresa a casa antes de que amanezca. No sea que me convierta en tigre y te devore. No sea que te hipnotice y pierdas la razón. Pero no vayas tan rápido... ¿no piensas regresar por tu zapato? ¡Te vas a lastimar un pie!

viernes, 24 de febrero de 2012

Tragedia

Rufino no entendía la obsesión de Georgina por las palabras, hasta que un martes, muy tarde en la noche, la descubrió apenas a tiempo para impedir que se suicidara: la muy infeliz estaba atragantándose con las más crueles palabras del diccionario.

domingo, 19 de febrero de 2012

Cepillo delator

Eduardo salía a escondidas con Martha, una chica de la oficina que tenía muy buen trasero. Ella sabía que él tenía novia, pero no pensó que hiciera mal. No le importaba que se viera con Lucinda ciertas tardes porque le parecía que esa relación era muy apática, como si sólo lo hicieran por agradar a sus padres.
En cambio, ellos dos juntos echaban fuego. Casi no platicaban, no por falta de tema, sino porque al estar cerca se sentían poco propensos a hablar. Sólo se miraban mientras las manos de uno se soltaban con curiosidad sobre el cuerpo del otro, fuera de control. Así siempre terminaban en la cama.
Eduardo quería a Lucinda, pero con ella la química era diferente. Se sentía tan tranquilo y cómodo a su lado que ya quería pedirle matrimonio. Si últimamente dedicaba más tiempo a cansarse el cuerpo con Martha era porque estaba seguro de que se aburriría pronto de ella y podría empezar una familia feliz luego de haber apaciguado el demonio de la carne.
En una ocasión Martha dejó su cepillo de dientes en casa de Eduardo, quien no se percató o no le dio importancia. La tarde siguiente, cuando Lucinda fue a visitarlo, notó que había en el baño un cepillo de más. Ella era tranquila, pero no tonta. Ya intuía el sabor de otra mujer en la lengua de Eduardo, quien parecía inusualmente resignado a la frialdad de su carácter.
Durante la cena, una pasta boloñesa que él hizo, permaneció como siempre: callada y quieta. Sólo sonrió un poco más que de costumbre y Eduardo pensó que sería bueno plantearle de una vez lo de la boda. Fue por el postre a la cocina pensando en eso y cuando venía de regreso con el pie de frambuesas, Lucinda le reventó la botella de vino en la nuca. "Lástima de pie", pensó ella al verlo embarrado en el piso. Después de que abrirle a su novio las venas de las manos, se ocupó de dejar una escena de suicidio creíble. Al salir del departamento se llevó el cepillo.
Durante el velorio, Martha lo buscó como loca en el baño. Entonces supo que había sido Lucinda, que ella había matado a Eduardo. Le costó mucho calmarse para poder salir y más aún mirarla a los ojos. Lucinda vio su pánico y se contuvo de sonreír. Tenía que berrear un poco más la muerte de ese perro infiel. Además, no podía darle pistas a la puta ésa si quería ajustar las cuentas con ella después.

martes, 14 de febrero de 2012

Recuerdo arrancado

Uno de mis más antiguos desconocidos pretendía que volviéramos a jugar. Cuando ya estaba dispuesto, me distrajo la luz de un foco. Quién sabe cómo llegó a interrumpir nuestras travesuras bajo la cama, conocido refugio para las escondidas. Lo que más me perturbó fue que estuviera desconectado de la corriente eléctrica.
Me asusté y corrí escaleras abajo. Ya en la sala pude ver cómo de ellas escurría sangre. Tuve miedo. Quise llamar a alguien para que me ayudara, pero me contuve. ¿Quién auxiliaría a un gato que habla? Además, no tuve valor para articular mi petición. Ni siquiera sabía por qué demonios estaba tan alterado. Todo me pareció de lo más irracional.
Miré por la ventana. Vi cómo la casa del vecino de enfrente era arrancada del suelo y volaba por los aires, como si fuera jalada por un imán. Supe que debía correr. Le pedí a mi desconocido más querido que me siguiera afuera y cuando abrió la puerta salté. Toda la casa empezaba a elevarse. Le rogué a mi desconocido que brincara, pero pese a mis gritos (no quieren nunca escuchar el grito desesperado de un gato) no se atrevió a seguirme. Tuvo miedo de no poder, de lastimarse, yo qué sé.
Así que sólo pude ver cómo era arrancado de mi vida mientras la casa se desprendía del suelo. No tuve valor para ver cómo desaparecía en el cielo. Bajé la cabeza y lo odié, odié la luminosidad de su azul porque ante ella mis arbitrarios deseos y yo no éramos nada.

viernes, 10 de febrero de 2012

Necesidad súbita

Quizá sea absurdo que a un gato tan gris como yo de pronto lo asalte una imperiosa necesidad de rojo.
Parece increíble que mientras camino por ahí tratando de no ensuciarme con el lodo que deja esta lluvia, que ni moja ni deja ser, de pronto sienta la urgente necesidad de meterme en el cuerpo algo rojo/brillante, como la sangre de una herida recién abierta.
Pero así me pasa, que de pronto me altera la certeza de que si no consumo un poco (sólo un poco) de rojo muy intenso, algo malo pasará dentro de mí. Creo que es culpa de mi agujero negro, que aunque ahora es sólo un puntito oscuro en mi pecho, a veces se despierta y tengo que darle de comer rápidamente, o me arriesgo a que se abra por completo y me trague.
Es como esa otra sensación de que yo no soy yo, sino que estoy en otro lugar, en otro tiempo, o en otro cuerpo. Esto último es bastante más común y comprensible, a casi todo el mundo le pasa. Lo sé porque le saco provecho: así es como robo recuerdos. El problema es cuando se me sale de control y... En fin. Por fortuna pude hacerme con unas fresas gracias a que la dueña de la frutería se distrajo. No me gustan, pero contenían justamente la cantidad y el tono de rojo que necesitaba para seguir vagando.

jueves, 9 de febrero de 2012

Nunca parpadea

No cerrará nunca el ojo gigante, tan grande que sus pestañas son muros, porque estará ocupado hasta el fin de los tiempos en lanzar al cielo un grito mudo de piedras volcánicas y vegetación. [Matorral de palo loco, le llaman]

martes, 7 de febrero de 2012

Junto al jardín, en la tarde

¿Por qué siguen sin crecer mis flores?, se pregunta Jacinto, las manos llenas de tierra y el sudor escurriéndole a chorros. Jacinto es un indio muy humilde, sólo lo enorgullece saberse buen jardinero. Aunque ya no se siente tan seguro... ¡estas flores se están haciendo las difíciles!

Con seguridad les ha prodigado el mejor cuidado del que son capaces sus experimentadas manos y les ha recitado poemas que hacen reventar de gusto a las rosas más orgullosas. ¿Por qué serán tan desconfiadas éstas?

Las flores se niegan a crecer porque saben que el jardinero miente: no es que en verdad las ame, sólo les dice lo que quieren escuchar.

martes, 31 de enero de 2012

Gato mojado

Nada hay más triste o patético que un gato empapado por la lluvia. Pero no le tengas compasión ni lástima: el lindo gatito sigue siendo un asesino. (Tiene que serlo)
Esta noche carezco de refugio. Ante la tormenta he debido esconderme bajo un carro viejo que escurre suciedad y grasa. Hace frío, pero está bien. Puedo soportarlo. Sabré calentarme con amor propio.
Mañana buscaré un sitio mejor. Mi lugar. Porque sé que afuera hay un sitio (o varios) perfecto para mí. Es sólo cuestión de encontrarlo, de tomarlo. No importa lo que tenga que hacer para apropiármelo. Puedo pelear por él con otros gatos, seducir señoritas francesas o envenenar cachorros, si me estorban.
Si puedo sobrevivir a esta noche, si pueden recorrer mis patas un camino todavía más largo que el que hasta ahora llevo sin cansarme ni errar mis pasos, lo haré. Conseguiré mi propia madriguera y nadie podrá quitármela.
¿Parece egoísta? ¡Soy egoísta!
Gato, es decir.

viernes, 27 de enero de 2012

Instinto

No temo al silencio. Sólo a escuchar en él los latidos de tu corazón. Porque entonces pierdo la cabeza.
Lo veo enjaulado en tu pecho, como un pajarito rojo. Ciego. Su voz me encanta. Oírlo me provoca el impulso de abrir la jaula en el momento justo en el que estás más indefensa.
Presiente la libertad y escapa. El revoloteo de sus alas anuda mi estómago como si un perro lo mordiera. Pero él no me ve, no me siente. Mi presencia no lo inquieta. Se me eriza la piel mientras me acerco con cuidado.
Imagino que le arranco de una mordida la cabeza, que será dulce y crujiente como una cereza cubierta de chocolate y nuez. Casi siento en las patas su cuerpecito cálido, la facilidad con la que mis garras se hunden en su carne, el cosquilleo que me provocan sus plumas al pasar por mi garganta...
Entonces él vuela de nuevo hacia la jaula de tu pecho. Te das la vuelta en la cama y lo encierras. Me despierto. Te acecharé toda la noche, esperando oír la señal para volver a atacar. Más vale que me duerma antes que tú,
que no vuelva a escuchar el canto de ese pajarillo mientras bajas la guardia, porque te juro que lo voy a matar. Lo devoraré y vas a tener que disculparme. Hay cosas que simplemente nunca podré evitar.

miércoles, 25 de enero de 2012

Sueño en negativo

Vi a un hombre azul eléctrico [curioso, porque en otra vida yo tuve ese mismo color de piel]. Poseía cierto magnetismo inexplicable. Su fuerza de atracción era irresistible: sin ningún reparo me acurruqué entre sus piernas.
Él  empezó a acariciarme como si nos conociéramos de toda la vida, y eso me produjo sensaciones tan intensas como inéditas. Era como si al tocarme me hiciera repicar por dentro como una enorme campana y cada vez, en lugar de sonido, emitiera mi ser en ondas vibratorias. Lo juro por los pelos de mi cola. Así me fui desencajando de mí; no era doloroso, sino relajante y placentero.
De esta forma fui disuelto y multiplicado al mismo tiempo, apenas sostenido por la frágil atadura de mi cuerpo. Me costó un poco de trabajo volver, despertar. No estoy seguro de haberlo hecho por completo. Desde que tuve ese sueño, que recuerdo como una fotografía en negativo, he tenido una inquietante sensación de ligereza en el cuerpo. Como si no pesara, como si fuera invisible. Casi como si pudiera volar.
Por eso no me he movido de aquí. No brinco, ni corro. Para hacerlo necesito recobrar la gravedad de mí mismo, tener la absoluta certeza de que sigo siendo tan gato como siempre. Saber que mi felinidad es aún redonda, simple, perfecta.
[Un gato no desea otra cosa más que ser gato. Cualquier alteración en esta  definición ontológica, lógicamente, lo destruye]

domingo, 22 de enero de 2012

Aquí estoy otra vez: solo.

No tienen idea de lo bien que se está así. En el fondo los gatos estamos nada más con nosotros mismos. Tal vez parezca complicado, pero es de lo más simple. Como dice Rufus, en Diario de un libertino: Todas las verdades son grandes clichés. [No es que admire a Rufus, él habría dado lo que fuera por ser como yo]
La única compañía deseable y posible para un gato es él mismo. Todo lo demás son juegos que terminan por volverse enfermizos. Al menos a mí así me sucede: acabo impregnándome tanto de los otros, sin poder involucrarme con ellos debido a mi natural y egoísta condición, que mejor huyo antes de que sienta que ya invaden mi pellejo, que se meten hasta debajo de mi piel.
Ayer desperté luego de una larga caminata. Sólo recuerdo que empecé a caminar y después correr, impulsado por un miedo que me impedía detenerme a pensar. No sé cuánto tiempo ha pasado desde entonces, ni en dónde estoy. Sólo sé que ya no escucho esas voces en mi cabeza. Su arrullo me sedujo y al principio me provocaba sueños curiosos, pero después no podía sino despertar cada vez a una diferente pesadilla.
[Juro no volver a dormir en el patio de un hospital psiquiátrico.]
Ahora no. Ahora estoy bien. Desde aquí diviso a una familia que disfruta una comida al aire libre: asan carne. Hay un par de niños ahí que no se resistirían a mi encanto. Pero no tengo ganas de ir. Me encuentro perfecto siendo yo plenamente aquí, tirado sobre mi panza, jugando con mi cola sin sentirme ridículo, ni feliz. [Si no lo soy es porque no me lo permito: esa emoción se me manifiesta en una euforia continua muy agotadora].

miércoles, 18 de enero de 2012

El hombre que quería saber

Quiso el hombre saber y saberlo todo. Por eso leyó durante años todo lo que pudo sobre literatura y ciencia, hasta que comprendió que era imposible. Esta certeza le alteró los nervios y no pudo volver a dormir.
Se echó a correr el hombre y, en su locura, deseó al menos ver todo el mundo. Anduvo caminando muchos años y aprendió muchas más cosas que en sus libros. Entre ellas, que no le darían sus pasos para cubrir la faz de la tierra.
Esta verdad lo hizo llorar hasta desear morir. Entonces vino una mujer a consolarlo. La hembra descubrió en su cuerpo una alegría que él nunca en su vida había conocido, por eso le hizo el amor día y noche, hasta que semanas después supo que tendría un hijo.
El hombre fue feliz hasta el día del alumbramiento: el niño nació muerto. En ese momento se arrepintió de todos sus deseos, menos uno. Se colgó de un árbol y, mientras avanzaba por un túnel negro hacia la luz de la muerte, pudo ver que del otro lado había un hombre que lo sabía todo de él porque estaba leyendo su vida en un cuento:
Que había querido saberlo todo, que había querido ver todo el mundo, que había deseado morir, que había amado a una mujer y que había acabado por suicidarse.
Supo que ese hombre era él mismo, en otro tiempo, cuando sucumbió a la locura de querer saber. Comprendió que ya desde antes lo había sabido todo, pero nada pudo hacer porque, en ese preciso momento,
la historia llegó a su final.

miércoles, 11 de enero de 2012

El fin del mundo, otra vez

Es la segunda vez que me es dado asistir al fin del mundo. La primera vez yo era un cachorro muy ingenuo. Acababa de dejar mi primer hogar. Salí a un parque sin cuidarme de los perros, porque ignoraba que me podían (y querían) descuartizar. Miré un cielo oscuro y profundo, casi líquido, en el que flotaban demasiadas estrellas con un fulgor impregnado de un inquietante color naranja.
Cuando alcé la mirada justo sobre mí, pude contemplar un sol moribundo, que se acercaba furiosamente rojo, cada vez más rápido, directo a estrellarse contra el mundo y aplastarme con él. Creo que esa fue la primera vez que morí, pero no estoy seguro.
Hace unos días sucedió de nuevo. Miré una tarde el cielo claro, cuando todavía es temprano y puede verse la luna como una uñita blanca entre las nubes. Junto a ella vi algo como una luna anaranjada. No le di importancia y dormí la siesta. Creo que cuando desperté era de noche, pero no estoy seguro porque no pude ver el cielo: todo el espacio celeste lo ocupaba un planeta gigantesco, que venía acercándose con aparente lentitud, rodando todavía lejos.
Supe que a este planeta le quedaba poco. Ante esta certidumbre aterradora sólo atiné a contemplar embobado los inimaginados bordes de los continentes de aquel otro mundo desconocido; el verdor oscuro de sus bosques, el tono marrón de sus desiertos, la danza de las nubes y tormentas que se arremolinaban sobre sus océanos. Cuando parecía que bastaba dar un salto para  alcanzarlo, la enorme masa planetaria regresó por donde vino, girando a toda velocidad: como un yo-yo.
Desde entonces no he dejado de pensar en las cumbres nevadas de sus sistemas montañosos, que se extendían por su superficie como blancas y gruesas cicatrices. Y me reprocho no haber intentado al menos brincar en él. Seguro en aquel mundo no había humanos.