jueves, 26 de abril de 2012

A unos centímetros

Corre. Huye de mí. Escóndete de mi furia recalcitrante, porque si te alcanza la garra de mi frustración te mataré... y no quiero.
Este impulso tan intenso no es sed de sangre, sino ganas de volar. Volar, como tú. Te odio y admiro por eso. Por no ser nunca lo que yo creo que eres o quiero que seas.
Así me mantienes tras de ti, persiguiéndote como un perro. No me resigno a dejarte ir luego de mis tan estudiados (y fallidos) acechos.
Corre. Aléjate porque si te muerde la ansiedad de mis contradicciones morirás. Entonces la sensación de que esta persecución es un vuelo se extinguirá contigo, y no sabré qué hacer con tu cadáver: las ganas de alcanzarte son el único motivo de mi cuerpo.

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