domingo, 15 de abril de 2012

La piedra del río

La piedra ha sentido ganas de ser río. De ya no oponer su cuerpo, redondo y terso luego de siglos de ser arrastrada, a la infinita corriente de agua. Ha deseado disolverse, ser también líquida, para así dejar de soportar la gravedad pesada de su condición de roca inerte.
A veces, cuando llueve, llora un llanto invisible, cuyo atronador sonido se pierde entre los truenos de la tormenta. Siente que a nadie le importa y lamenta no poder morir. Por la posición en la que quedó atorada en la corriente, hace ya algunos miles de años, es imposible que vea que bajo la lama que le crece hay una familia de peces. La resistencia de la piedra contra la fuerza del agua les ofrece un hogar donde refugiarse.

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