domingo, 18 de marzo de 2012

Regina

La vi tirada a un lado de la carretera. Parecía una pequeña bailarina rota, con su hojas como un vestido rasgado y sucio. Levanté a la flor, que quién sabe cómo había sido arrancada de la tierra, con cuidado de no hacerle daño con mis dientes. Y la llevé a casa de un ilustrador despistado.
Claudio tiene afuera de su casa una maceta con piedras. Ahí deposité a Regina. (Mientras la llevaba brincando de azotea en azotea ella me dijo su nombre, luego se desmayó.) Después de que la acomodé en la maceta oriné en ella para darle de beber y me fui. Aunque Claudio se concentra mucho cuando trabaja, ese mismo día mi olor lo llevó a descubrir a Regina en la ventana.
Varios días anduve rondando, pendiente de ella. Que no se fuera a morir. Que Claudio no se deshiciera de ella. Pero vi con gusto que ya no tenía que ir a orinar en la maceta porque él le daba de beber todos los días. Entonces sólo iba cuando él no estaba para saludar a mi bailarina/flor.
Regina parece frágil, pero es fuerte y valiente. Pronto se recuperó con ayuda del sol y se hizo muy amiga de las piedras. Su vestido tiene todavía la costura/cicatriz de aquélla vez en que casi muere a orillas de la carretera, pero ya le crecen hojitas verdes que combinan muy bien con las otras, moradas.
Cada día que pasa ella está más hermosa y yo, más enamorado. ¿Quién diría que lo que no puedo sentir por otros gatos, o personas, lo provocaría una simple florecita tirada en el campo?

domingo, 11 de marzo de 2012

Es como andar en círculos

A mirar mi reflejo en el café de la mañana pienso que estoy atrapado en un agujero del tiempo.Otra vez la mesera me trae un plato de huevos con jamón.
-Buenos días.
-Buenos días.
-¿Va a trabajar?
- Sí, nada más que desayune.
-Qué bien. ¿Es aquí cerca?
-Sí, aquí a la vuelta.
-¿Donde hacen libros?
-Sí, donde hacen libros.
-Ah, qué bien. Fíjese que tengo un primo que también trabaja ahí.
-¿Sí?, qué bueno. Por favor déme la cuenta.
Al pagar miro en el televisor una escena de Pasión prohibida en la que Margarita Núñez pone su mejor cara de idiota para el close up.
-Eduardo Antonio, bésame...
Junto a mis cinco pesos de cambio, dos dulces de menta.
Trabajar el documento. El mismo texto plano del Manual de plomería en casa. Los errores de siempre: ningún acento, comas mal puestas, pésima sintaxis...
La misma cara gris de todos los transeúntes. La misma secuencia de estaciones de metro. Las 23:40. Otra vez confundo la llave para abrir la puerta. Tumbarse en la cama. Morir un poco.
"Caer en el vacío es como andar el círculos", pienso al mirar mi reflejo en el café de la mañana. Otra vez la mesera trae un plato. El mismo olor a huevos con jamón me produce náuseas.
-Buenos días.
-Buenos días.
-¿Va a trabajar?
Voy a darme un tiro si no encuentro otra forma de salir de esto.

viernes, 9 de marzo de 2012

Intercambio

Un día seré yo quien se estrelle contra el parabrisas. Y me sentirás. Verás mis sesos color frambuesa y sentirás culpa por no asustarte, por esa extraña impresión de que incluso de allí me conocieras. Pero estarás engañándote. Porque igual que me pasa a mí contigo, la imagen que tienes de mí no es real. Está un poco dislocada y tu subjetividad interpreta los detalles borrosos. Te mientes.
Como cuando bebes mucho alcohol y sabes que no te acuerdas de las cosas tal como fueron, sino a través del filtro de tu embriaguez. Si recuerdas cosas que preferirías olvidar, haces como si nunca hubieran sido. Prefieres creer en lo que no fue más que en tu cabeza. Es la forma más linda de mentirse.
Gracias a este noble rasgo que compartimos,  ahora, en este preciso momento, no sabemos quién de los dos está embarrado en el parabrisas. A quién le son familiares los restos de cerebro dispersos como mermelada.
¿Acaso soy yo? ¿Son éstas mis últimas ideas sueltas y las invento justo antes del viaje final como en un intento de postergarlo...?

domingo, 4 de marzo de 2012

Mírame

Resbalé de la orilla de tus ojos.
Mi hermano eres tú.
No importa si no nos parecemos en los rasgos, si tu padre asesinó a mi madre, si violaste a nuestra hermana.
Mi hermano eres tú.
La historia fluye en los ríos de nuestra sangre, y mal que te pese, todos somos familia.

Al caer en ti, supe que si no sientes culpa por arrasar en llamas el futuro de nuestros hijos (porque esos niños muertos de hambre, sed y frío, panzones de tanto bicho, son también tus hijos) es porque no sabes lo que estás haciendo.

Eres, pues, inocente. Odiosamente inocente de la tragedia en que nos atas, pero ya no quiero odiarte.
Quiero aprender a amarte, a pesar de todo. Aunque no me perdones el color de la piel ni comprendas las lenguas en que las miles de madres que no reconoces arrullan a nuestros hermanos más pequeños y pobres.

Quiero aprender a quererte de manera obstinada, casi dañina, que es la única forma en que se puede amar a un enemigo, porque tengo fe en que algún día ese cariño necio perfore tu inocencia maldita
y la disuelva
y llores
y me abraces.

Quiero vivir hasta el día en que seas tú quien resbale en la orilla de los ojos de todos los que por tu causa han muerto. Ver que te acercas sincero, desnudo, sin temor a la culpa o los reproches, a decirnos lo que ahora sé que es cierto:
Mi hermano eres tú.

Entonces construiremos entre todos, no una casa, sino un palacio completo, donde viviremos con la misma armonía con la que bailan la luz y la sombra cuando cae la tarde. Estarán las habitaciones llenas de amantes haciéndose el amor, y los patios repletos de niños corriendo y antes de dormir entonaremos las canciones que nos enseñaron nuestras madres en todas las lenguas.