jueves, 30 de agosto de 2012

Cuando un gato está triste se vuelve transparente

Así lo atraviesan la luz y dolor, sin hacerle daño porque él no siente. Entonces el gato no existe, carece de las ganas suficientes para ser.
Por eso nadie ha visto a un gato así de triste ni lo verá jamás.

sábado, 18 de agosto de 2012

Caer en la trampa

Soy uno que vive a través de otros. Que se contagia de sus ilusiones, miedos, alegrías y frustraciones. Soy uno al que atormentan los fragmentos de sueños y recuerdos ajenos. Ya me cansé de preguntarme cómo es que esos ecos llegan a herir mi cerebro.
Lo que aún no puedo dejar de hacer es preguntarme quién sería si fuera yo, si pudiera ser yo. Sé que nadie es puro. Sé que todos se contagian la humanidad entre sí, pero ¿por qué me infectan a mí que solo soy un gato?
Me debería ser suficiente comer al menos una vez al día, vagar y dormir. Pero no lo es, con todo y que para la mayoría de las personas es un privilegio vivir de esta manera.
Creo que todo es a causa de la curiosidad patológica que padezco. Sí, estoy enfermo de curiosidad. Todos los días necesito mirar a los ojos a gente desconocida para satisfacer el vicio estúpido de imaginar sus vidas. También tengo un impulso muy fuerte por admirar cosas bellas y pensar hasta que caigo en un vacío absurdo.
Como éste.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Cruzar el espejo

Cuando duermo entro a una dimensión en la que giran espejos en una espiral infinita y puedo acceder a través de ellos a realidades distintas en cada uno. Para cruzar debo dejar al que soy, despedirme de todo lo que conozco.

Embarrados contra el vidrio dejo mi piel y mis huesos, mis ojos y garras. Me desprendo de mí sin sangre y sin miedo, como en una especie de muerte. Del otro lado del vidrio deambulo sin ser yo, carezco de forma, acaso solo tengo una consciencia que no abarca espacio, que mira sin estar, casi sin pensar o sentir.

Cada espejo me lleva a una experiencia inenarrable. Entre los muchos que son, algunos se parecen. Puede haber formas de vida simples o civilizaciones en distintas etapas de desarrollo. Puede ser solo silencio y rocas o viento, gas y polvo.

He visto escenarios atroces en lo que no sé qué es lo que miro: los restos de una masacre, un fenómeno natural o la herida abierta de un monstruo. Bien podría ser cualquier otra cosa.

Vi seres que para hacer el amor se meten la lengua en los ojos y no quedan satisfechos hasta dejarse ciegos. Vi a una reina que solo vive para poner los huevos que se comerá el rey, quien se jacta de tener la progenie más sabrosa de todo su mundo.

Creo que los espejos no acceden a lugares distintos, sino que son como filtros o lentes con los cuales mirar. Lo que no sé es si lo que percibo a través de ellos es un mismo universo o varios. En todas las veces que he ido solo he recorrido una pequeñísima parte de la espiral infinita, una fracción más o menos equivalente a un parpadeo en la vida de un anciano longevo. Tal vez menos.

Es absurdo porque casi nunca recuerdo claramente mis recorridos, solo me quedan como imágenes o la sensaciones de entender algunos momentos. Es mejor así, me parece. Volver de los espejos con la memoria llena de lo que hay tras ellos debe ser como una tortura.

Nadie tiene tanto espacio en la cabeza. Nadie podría soportar conscientemente tanto infinito. Y si alguien pudiera, se mataría ante la evidencia de que tal capacidad sería completamente aturdidora e inútil. Más en caso de ser un gato.